Las hermanas Insúa no tienen reparo en mostrar su sensualidad, pero en el pueblo en donde viven las reglas las tienen atadas a satisfacer sus necesidades carnales solamente en su hogar y que no estén a la vista de varón alguno. Sus pasiones ya han sido causa de disputas y rencillas entre algunos amantes enfurecidos. Dicen que quien las posee jamás querrá tener otra mujer. Pero aun así se han convertido en el sueño y deseo de todo varón. El que las hayan obligado a estar en soledad, ambas han hecho de su virtuosidad un rito que las satisface más allá de la necesidad de un hombre.
Isaura se adentra en su habitación como de costumbre contoneando su cuerpo bien formado y tostado por el sol del caribe. En su supuesta soledad se permite hacer lo que sea, dueña de su cuerpo y esclava de las pasiones que en él guarda. Sus ventanas visten sedas claras que permiten que la luz pueda entrar y crear una atmósfera sensual en la que su mente viaja y realiza toda clase de fantasías. Desde la oscuridad su admirador la observa y también viaja en esos sueños de sensualidad y deseo carnal que no puede realizar. Cada noche que pasa la intensidad del deseo crece. La luna se hace cómplice de estos amantes que no tienen idea que se hacen el amor a la distancia. En algunas noches, su única vestimenta son las sedas de las cortinas en las que se cubre haciendo movimientos que despiertan la pasión y el deseo de su amante secreto. Josué piensa que desde la distancia tiene más posibilidad de amar a Isaura porque por ser ella tan bella y sensual, su intelecto y poca belleza no lo ayudarían. Ina la hermana de Isaura también juega en la oscuridad donde realiza bailes exóticos creando una especie de fiera que nada tiene que ver con su personalidad real. Al terminar los días en la biblioteca, se marcha al granero tras la casa y allí se convierte en la odalisca de los más ricos del área. Contrario a su hermana ella generaba dinero de sus pasiones, mientras Isaura generaba pasiones de sus deseos. Entre día y día el amante oculto intentaba mostrarse, pero su cobardía no lo dejaba llegar a realizar su sueño y se mantenía en observación a la distancia y de ahí decidió comenzar a describir a su amada… He visto la madre naturaleza desnudarse ante mí, sus altas montañas se dejaban acariciar por el cielo que la mojaba con la excitación que ésta le provocaba. De vez en cuando el sol la hacia calentarse hasta que su sudor corría por sus laderas y llanos hasta llagar a su río de inmensa flora. El caudaloso río seguía hacia el mar donde éste le acariciaba sus orillas con el vaivén de las olas y de nuevo, evaporaba el sol sus aguas. De noche la luna con sus rayos de plata le dibujaba curvas precisas y su hermoso pelo negro lo hacia brillar colocándole estrellas que dejaba caer. Que suerte he tenido de poder encontrar la mujer más sensual en la tierra y que día y noche me enferma de pasión pero me libera de la inmensa soledad en que vivo.
El deseo y la pasión no disminuían y entre el velo de la noche Isaura se adentraba en el bosque a bailar su danza, como las aves cuando provocan a sus machos con movimientos para que vengan a copular. Su cuerpo espectacular no dejaba de incitar los más bajos deseos en Josué, pero ella ajena a todo seguía su rito nocturno para liberar toda la sensualidad y pasión que posee. A pesar de toda su cadencia, era una chica sana y humilde. Sólo tenía en sí unos sentimientos intensos que no lograba controlar. En la medida que los años pasaban su sensualidad aumentaba por las experiencias que adquiría. Al pasar frente a los hombres los piropos no cesaban. Un día, sorprendida escuchó uno que le provocó pasión inmediata ¡Quien fuera chocolate para derretirse en tu boca! Ella rápido pensó en la sensación del dulce en su lengua derritiéndose con el calor de su boca y sintió la excitación de su cuerpo manifestarse humedeciendo su ropa. Entre tanto piropo se fue a su casa a jugar consigo misma y descubrir los sentimientos que tantas veces disfrutaba a solas. El sonido del río y las aves la sacaron de su éxtasis y buscó en ellos una razón nueva para despertar sus deseos. Ya había descubierto las diferentes razones de porque seguía sola. Su cuerpo le había enseñado a satisfacer sus instintos carnales en soledad, aunque no era ajena a las caricias y mimos de los hombres, pero ella sabía que con su lujuria y deseo lograba llegar a la excitación mayor que ningún macho le podría brindar. Isaura continúa en su pueblo despertando las pasiones de los hombres, en especial las de su amante secreto, pero para ella, despertar su sensualidad y sexualidad a solas sigue siendo más gratificante. Isaura se sabe bella y ya no teme a mostrar su cuerpo. Sin tapujos ni cobijas ahora se arriesga a salir al balcón de su casa para bailar con el sonido del aire entre los árboles, pero se pregunta ¿Bailo para ellos o ellos bailan por mi? Me siento cual gata juguetona buscando encender la pasión del que me mira, y mientras haya naturaleza y seres que me admiren las curvas de este cuerpo que he glorificado seguirán despertando la pasión de todo el que me vea. Si alguno se atreve, lo invito a despertar a la gata dormida entre los velos de la imaginación.
Amaury Enrique González Rolón
Todos los derechos reservados
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario