viernes, 23 de octubre de 2009

El Cafetal

Los días en el cafetal siguen pasando y más nos hundimos en el desenfreno de la pérdida, no sólo del café, pero también del dinero invertido, y todo por los malos manejos de la gente que está al frente. Este año por fin Tomás, al que todos llaman el alemán, logró que lo dejaran de capataz y junto al nuevo administrador, que con su cara de bobo nos ha tomado el pelo a todos, llevan este recogido tambaleándose más que un borracho. Tomás es un campesino del área que aunque siempre ha trabajado en el recogido del café, se cree más que sus compañeros, a los que desprecia y humilla cada vez que puede. Este año está que no cabe de la alegría, pues ahora no sólo que los puede humillar, sino que también está por encima de ellos y con poder, que tristeza. El nuevo administrador, vino de San Juan, con mucha preparación académica, pero de educación, muy poco, seco, rudo y de unos modales que ni un bárbaro. Su nombre es Juan González, es abogado y CPA. Tiene convencidos a los hacendados que es el mejor administrador que hayan podido conseguir y ellos campesinos humildes y bobos, se dejaron convencer con los títulos y diplomas. Esta hacienda tiene cientos de cuerdas sembradas de café, que a finales del siglo pasado suplían gran parte de las necesidades de este pueblo y los pueblos cercanos, inclusive, se llegó a enviar a España a petición del Rey. Por lo menos la mano de obra todavía no escaseaba, las filas a veces eran interminables y se continuaba recogiendo el grano sin problema. Dicen que darle poder a un pobre es ponerle un arma en la mano y eso fue justamente lo que paso con Tomás, él ya tenía su genio y altanería y ahora sumarle su puesto de capataz, dando órdenes, estando en reuniones y al tanto de todo, le daba un aire de Don, que le hacía pensar que era él el dueño de la finca, los problemas con él no eran nuevos, siempre fue problemático, pero buen trabajador, pero su lengua y sus acciones lo estaban llevando a una fosa profunda de la que no iba poder salir. Los días sucedían uno tras otro sin cambios ni problemas mayores. El administrador venía muy poco, sólo daba órdenes por medio de Tomás o a veces, él tenía la osadía de darlas sin consultar siquiera, pero cada quien con su tema. Ya a mitad de la temporada, comenzaron unas lluvias que hacían imposible llegar hasta el terreno tan blando, lo que no nos permitía trabajar. Comenzó a perderse el grano maduro y el verde seguía madurando, aquí todos íbamos a perder. Que racha y nadie despertaba para que hiciera recapacitar al hacendado. El barranco se hacía más profundo y los que vamos a caer somos los que trabajamos, que ironía.



Las lluvias amainaron y mientras regresábamos a nuestras labores llegó a la finca una mujer de cuerpo de gran volumen, alta, muy blanca, a la que llamaban la tía. Nadie definió de quien era familia, y al fin era la tía, familia de nadie, que cuando hablé con ella descubrí por su acento español, el porque de su apodo. Su nombre era Severa Gimeno.





Aunque me mantengo realizando otros trabajos en la hacienda, el llamado a recoger el café me anima muchísimo y aquí nuevamente. Pero que desgracia Tomás y Juan González nuevamente al frente, que dueto tan miserable e insoportable, pero voy a mí. Este año vino menos gente y tristemente hay mucho fruto que recoger, que si no se establece un plan para recogerlo a tiempo, gran parte de ese fruto se perderá. El alemán y el administrador tenían que ver más allá, no hay recogedores y sobra café ¿qué se va a hacer?. Ya pronto comenzarán las culpas y a quién culpar, ¿quién estaba antes?, ¿cuáles eran sus manejos?, exceso de gastos, exceso de empleados, ventas y otras tantas faltas que intentarán encontrar.



Ya se escuchan los rumores de las variedades de café comprado en Colombia y Costa Rica sin que hubiese necesidad, que si es la misma calidad de grano, que trajeron enfermedades al cafetal, en fin, levantando ronchas por doquier. Las reuniones eran diarias y se escuchaban los nombres de los jefes pasados que Beltrán dijo, que Pagán trajo, que López autorizó. Parecía que estaban pasando lista de los antiguos jefes y para ellos los culpables de que se fuera a perder esta cosecha. Entre reunión y reunión, no se hizo nada con la falta de gente para el recogido. La mayor parte de la cosecha se perdió, por falta de trabajadores y por el que almacenaron y no se logró vender. La tía comenzó a dejarse ver más a menudo y a intervenir en la toma de decisiones, lo que enfureció al administrador, al punto que le pidió que abandonara la hacienda. Desde ese día los problemas se suceden uno tras otro sin que haya solución, ni empeño en solucionarlos.



Aunque se perdió gran parte de cosecha, los hacendados seguían confiando en sus empleados y en que la próxima temporada sería mejor. Y en eso estamos todos esperanzados. Un nuevo año, un nuevo día, un nuevo aire, una cosecha con mejores resultados,seguimos esperando a que llegue la recogida.



Tomás regresó a la finca a petición de los hacendados, recibieron información de que su desempeño era pobre y que se le culpaba por la pérdida de la cosecha, la Tía y el administrador, lo habían lanzado al pozo para salvar su pellejo. El no tenía idea de lo que le esperaba, pero el desenlace iba a ser uno inesperado.



Tomas era tan astuto que se las arreglo para salir del problema y para sorpresa de todos, se convirtió en la persona de confianza de los hacendados, con fe ciega y mano libre, ya iba camino a convertirse en el administrador del cafetal, y todos pensaban, pero si es tirano, irreverente irrespetuoso y tiene todas las actitudes negativas existentes, como es posible. Esto va por mal camino y la solución no se ve por ningún lado. ? que nos espera?

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